EL TRABAJO DE LAS BRUJAS: VESTIDAS DE CIELO

 

Si te digo que alguien es bruja, no te vas a imaginar una investigadora, una mujer laboratorio, una mujer de conocimiento, una sabedora de los poderes de las plantas, del cielo, de los poderes de las mujeres. Y sin embargo Myriam es eso. Ni más ni menos.

 

Una bruja es una investigadora y una mujer de conocimiento, es alguien que investiga los misterios. Pero nos pasó por encima La Inquisición, y sus hogueras y sus torturas y su terror nos hicieron mella. Y la palabra “bruja” quedó marcada, relegada a los cuentos de Walt Disney donde es mala y devora niños. Myriam Wigutov durante mucho tiempo ha practicado el oficio de bruja y  se ha nombrado a sí misma de esta manera como una forma de resistencia activa. Como una forma de rescatar la memoria de todas esas mujeres que murieron, por mujeres, y por brujas, en manos del poder clerical.

 

La sombra y los comienzos

 

Charlar con una bruja puede ser una experiencia oceánica, la conversación se puede convertir en un navegar por un mundo que parece infinito; y además te hace pensar que la vida puede ser mágica. Ella dice que su trabajo es adentrarse en la sombra y me pregunto de qué armas hay que hacerse para semejante empresa.

 

Miriam dice “De noche, en el bosque, desnudas. Así se entra en la sombra. Estar desnudas quiere decir estar desnudas de cuerpo, presentando la intención con desnudez, y así una se adentra en su propia sombra, en su propio bosque, sumergiéndose en eso que uno no sabe, con las mejores intenciones. Vestida de cielo que además explica muchas cosas, porque vestida de cielo es con los dioses a favor”.

 

Myriam Wigutov tiene 53 años, un pelo lacio y hermoso y una voz fuerte, amistosa. Hija de una familia de médicos, fue la única de la familia que no se dedicó a la medicina, pero sí a sanar. Desde chica, tuvo interés por la política y la espiritualidad. Promediando su adolescencia y juventud se adentró larga y profundamente en el budismo zen. En su otra vida, Miriam, fue teatrista y docente de técnicas corporales. En el teatro hizo de todo, fue directora, actriz, coreógrafa, asistente de producción, electricista, cantante, bailarina. Su vida como bruja empieza cuando comienza a finalizar su vida como teatrista.

 

Todos sus saberes artísticos se desconfiguraron y reconfiguraron en función de un nuevo interés: las mujeres y lo oculto. Llegaron a ella libros, como los de Marija Gimbutas, que revoluciona la arqueología, y habla de pueblos que tenían como deidad a una Diosa. O libros como los de Riane Eisler, El caliz y la espada, que tomando a Gimbutas, habla de pueblos del neolítico, pacíficos y solidarios, donde no había dominación del hombre sobre la mujer, sino relaciones de solidaridad y cooperación.  Feminismo y ocultismo se unen en la historia de Miriam; quedarse horas meditando, teniendo visiones, viviendo estados de conciencia expandida, leyendo a Gimbutas, investigando, encontrándose con personas que le brindan información.  Y corroborando, en la experiencia práctica, que realmente era una bruja.

–  ¿Y cómo fue que empezaste a trabajar de bruja?
– Fui llamada.

 

En las épocas del teatro, un alumno entró en crisis. Miriam sospechó que era una crisis espiritual pero no dijo nada. Un día ese chico llegó pidiéndole ayuda. Ese fue su primer consultante. No se acuerda si le cobró o no. Luego, eso chico trajo a otros, y esos otros a otros.

–  ¿Hacés difusión de tu trabajo, volanteás? –

–  No, de ninguna manera, la gente llega, la mejor difusión es el trabajo.-  Y me cuenta una historia.

 

Una mujer, que fue a buscar un libro a una librería, ve el libro y se pone a llorar. La librera, sin decirle nada, la abraza, y le da el número de teléfono de Myriam.

– Y así miles. – Remata.

 

La sangre femenina. Lo femenino como sagrado

 

La menstruación tiene muy mala prensa. Vergüenza, problema mensual, asco, dolor de ovarios, millones de pastillas y laboratorios facturando para paliar los dolores menstruales. Eso y más es lo que provoca nuestra menstruación en nosotras y en la sociedad. La menstruación está vista como un problema que tenemos las mujeres, incluso se ha inventado la pastilla para eliminarla.

 

Miriam y otras mujeres, trabajan para revertir esta situación, para devolverlea las mujeres su relación con su ciclo menstrual, una relación saludable y de empoderamiento al vivir de otra manera la sangre femenina. Miriam dice que este es el tema más grande que conoció en su vida, y enseña a vivir el ciclo menstrual como un misterio a descubrir y no como un problema a resolver.Un misterio donde tal vez se encuentre alojado mucho de nosotras mismas que a veces queda en la sombra. Miriam cuenta que muchos pueblos de los que fueron aniquilados y conquistados, en todas las latitudes del planeta, la ceremonia de la llegada de la menarquía, o primera luna, o entre nosotros, menstruación, era la más importante de la comunidad.

 

– Entonces la niña era tomada por una madrina, instruida un año antes de la llegada de su luna. La instruye en que le va a llegar un sangrado, en lo que esto significa desde lo biológico, emocional, energético, filosófico, espiritual, mitológico. Y esa niña comienza a tener un conocimiento de su poder, habilitada comunitariamente como una ciudadana que tiene igual o más rango que cualquier varón guerrero o adulto o adulta. Esta niña tiene voz y voto en la comunidad. Ya puede decidir, puede elegir pareja, porque ya puede tener hijos. Esto significa que esta joven mujer recibe la instrucción de que atravesar el portal de la menarquía le otorga un poder del cual ella es responsable. Y tres son los poderes, poder de engendrar, poder sexual, -de vivir el gozo, dar gozo y compartir el gozo, el poder espiritual de ese gozo, de elevarse espiritualmente a través de la sexualidad-, y poder sacerdotal, capacidad visionaria. Nosotras, en el mundo patriarcal, no sólo no recibimos toda esta información, sino que además recibimos todos los palos de la otra mitad de la humanidad, en donde somos objetos de todo tipo de agresión.

 

Durante el embarazo de su hijo Ulises, Miriam creó, o en palabras de ella, canalizó, La Rueda Púrpura. Un taller grupal y vivencial donde las mujeres recibían instrucción, durante todo un día de trabajo, sobre las diferentes ginergías, o energías femeninas, que se ponen en acción durante las etapas del ciclo menstrual. La virgen, la madre, la anciana, la oscura: la etapa preovulatoria, la ovulatoria, la premenstrual y la etapa menstrual. Luego de esta experiencia grupal decidió empezar a trabajar en sesiones individuales, una a una.

 

Los mundos invisibles

 

En la casa de Myriam hay pocos elementos que indiquen lo que ella es, pero los hay. Por ejemplo, un gran caldero con aspecto de haber sido muy usado apoyado en el piso del living. Cuando le pregunto por él me cuenta su historia: se lo envió hace años un corro de brujas de Irlanda a las que Miriam no conoce, diciéndole, “no preguntes nada”.

– ¿Y lo usás? – le pregunto mientras miramos el caldero.

– ¡Claro!

 Me cuenta, que el caldero se usa para ceremonias, y que todos los objetos mágicos, que son las herramientas de las brujas, simbolizan o pertenecen a alguno de los cuatro elementos, agua, tierra, fuego y aire.

–  ¿A qué elemento pertenece el caldero?- Me pregunta, haciéndome sentir una aprendiz de bruja

–  Agua –  atino. Y le pego.

Según Miriam, estos elementos deben ser logrados, no comprados. Porque cada uno de ellos tiene que ver con el trabajo de la bruja con alguno de los elementos, y con los espíritus de esos elementos. En el mundo de las brujas, el universo está vivo, hay espíritus en la tierra, en el aire, en el agua, y los hay en el fuego, éstos últimos son los que requieren más entrenamiento.

 

Le pregunto por su trabajo en las sesiones.

 

– No tengo ni idea-  me responde, y cita a otra bruja- Vicky Noble una vez dijo algo interesante, “somos como un pararrayos que trata de captar algo que es como el rayo”. La verdad, es que ahora que lo estamos pensando, el budismo zen me enseñó a no darle crédito a mis pensamientos, a que mis pensamientos no son lo importante, a correrme. Entonces aparece otra sustancia, difícil de nombrar, llamémoslo el ser, que tiene otra forma de moverse, y otro espacio, que también trabaja a través de la mente, de otro modo. Ahí está la intuición, la percepción, la visión, sin la carga y el peso de los mandatos, prejuicios, que pesan sobre la jaula mental de lo que llamaríamos el ego, la personalidad.

 

– ¿Cuáles son las cosas que más disfrutás de tu oficio?

 

– Me produce mucha felicidad cuando la mujer que es consultante siente felicidad, y llega a esos lugares de comprensión, algunas lo viven como una explosión, una explosión de fuegos artificiales, y es muy amplio y muy grande; y otras es más con cuenta gotas, y otras directamente están cerradas y no lo experimentan.Cuando eso pasa, yo sí igual lo experimento y me produce placer, pero puedo ver cuando se cierran. Incluso cuando aparecen llantos, lágrimas, dolor, por ejemplo, cuando estoy trabajando cuando una mujer que ha padecido violaciones sexuales durante mucho tiempo, es tocar un territorio de dolor…enorme. Y aún así hay un gozo liberador en estar metiendo la mano ahí, metiendo el espíritu ahí. La mujer que ingresa con una carga pesada y dolorosa se va alivianada, y eso ya es…una felicidad.

 

– Y de qué pasaría en esta cultura si se pudieran percibir los mundos invisibles sabiendo de que se trata. Que disrupción provocaría-

 

– Y, sería otro mundo. Imaginemos que le pasaría al señor que viene a podar el árbol de enfrente, la cuadrilla de la municipalidad del Buenos Aires de Macri, si supiera que ese árbol tiene espíritu, y habla, y siente. Creo que tendría un conflicto, se angustiaría, lloraría, les pasaría un montón de cosas. Ese trabajo sería diferente, sería más ceremonial, habría una charla con el señor árbol, que se parece bastante lo que hacen los pueblos originarios hoy día cuando van a tomar de una planta una hijita, hacen una ofrenda, se sientan, conversan, tienen un vinculo con la naturaleza de esa planta, o con la naturaleza del río, o del animal que van a matar. No matan masivamente, el tema de la relación es el punto, la relación. Entonces yo me imagino que sería un mundo muchísimo más escuchado, y más presente, lo invisible sería más visible, lo inaudible sería más audible. Hay un mito o leyenda que dice que todos los reinos, el reino animal, vegetal, mineral, y todos los elementos: aire, fuego, aire, tierra, en una edad de la humanidad muy pretéritavivían en la tierra, que los humanos éramos una de las razas que habitaba el planeta, que los arboles caminaban, que las piedras hablaban, las hadas, los duendes, los elfos (todo esto en términos europeos, acá tienen otros nombres), y que existían las razas de los gigantes andaban entre nosotros y que cuando el ser humano se convirtió en el depredador y en el conquistador, 5000 o 6000 años antes de nuestra era, todos esos seres decidieron hacerse invisibles para que no fueran depredados, conquistados, arrasados. Me gustaría creer que es verdad. Yo he subido montañas muchas veces, y me ha parecido estar en compañía de muchos seres.

 

Yo no sé realmente si los árboles hablan, sí creo que tienen espíritu, pero quiero creer que sí, que hablan y que tienen espíritu porque estoy segura de que sería un mundo mucho más bello si todos creyéramos que es así.

 

Entrevista realizada por Analía Marchesano a la autora Myriam Wigutov.

SITIO WEB DE MYRIAM: LA RUEDA PÚRPURA

 

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